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martes 24 de noviembre de 2009

Menudo lío... (Eric)

Yo seguía en el lado opuesto a Clara. No podía acercarme, simplemente no podía. Si alguien se entera de que ella y yo... estuviéramos juntos, acabarían con uno de nosotros tarde o temprano, o con los dos. La verdad, que me maten a mí no es que me importe mucho, ya llevo 3000 años vagando por el mundo asesinando a gente, y no es lo que se dice un hobbie. Pero... pero si la matasen a ella... si sólo le hicieran un pequeño rasguño... no podría soportarlo. Mientras ella me miraba con los ojos entristecidos por el daño que le acabo de causar, y no es que me sintiera muy orgulloso de ello: todo lo contrario. Tragué saliva. ¿Pero qué estupidez estaba haciendo?
-Eric... eso quiere decir... ¿que ya no... que ya no me quieres?
Esas palabras me rasgaron todo el pecho. ¿Pero cómo no la iba a querer, si ella es... es la única razón de este maldito mundo por el que aún no estoy del todo muerto?
Respiré hondo.
-Clara, esa es... una de las mayores estupideces que he oído. Vale, es cierto que te dije que lo nuestro sería antinatural, que estaría contra las reglas totalmente, que somos enemigos, que todos se pondrían en nuestra contra... -me miró a los ojos con lágrimas- Pero soy muy propenso a romper las reglas.
Me sonrió esperanzada, me acerqué a ella despacio y la abracé con casi todas mis fuerzas -más que nada por no romperle todos los huesos- y enterré mi rostro en su pelo mientras le susurraba:
-Te dejaré de amar el día que un pintor pinte sobre un cuadro el sonido de una lágrima... -me miró con el rostro iluminado.
-Entonces... aunque tú seas... como dijiste antes, "mi enemigo", ¿me querrás igual?
-¿Y tú a mí? -asintió con energía- Mira, nunca pensé que diría algo tan cursi como lo de antes y como lo que estoy a punto decir. Amo como ama el amor. No conozco otra razón para amar que amarte. ¿Qué quieres que te diga además de que te amo, si lo que quiero decirte es que te amo?
La apreté más hacia mí. Ya encontraría alguna solución... pero por ahora hay que mantenerlo en secreto.
-Oh, es verdad. Esto hay que arreglarlo, y me refiero al por qué eres... bueno, por qué eres una licántropo. A ver, ¿tus padres...?
Tragó saliva con esfuerzo, le dolía hablar de ellos, pero si queremos saber por qué es uno de ellos...
-Bu-bueno, estoy segura... o eso creo, de que ellos eran normales...
-¿Cómo murió tu padre? -ella se separó de mí, horrorizada.
Agghh... debo tener cuidado... Siempre soy tan grosero con los demás, y no me doy cuenta de que es mi niña...
-Perdona amor, no... -fruncí el ceño- Ya te dije que soy estúpido. -la volví a abrazar- Pero debes decírmelo, porque quiero investigar si es por culpa de esos malditos chuchos hijos de... -tosió teatralmente- Perdona.
-Bien... lo único que recuerdo es que hace cinco años de su muerte... y fue asesinado. Lo encontraron tirado y desangrado en el parque...
Me quedé pálido -más de lo que estoy- al escuchar eso.
-Eh... eh... eh... tú... Clara, ¿dónde vivías antes de venir aquí? -le pregunté asustado.
-Verás, mi padre era argentino, y viví en esa época allí, en Argentina, pero cuando ocurrió el accidente... mi madre y yo volvimos a España consumidas por el dolor...
Vale, vale, dime que no... dime que no...
-¿Y... y por que parte? -pregunté asustado.
-Por San Luis, cerca de Buenos Aires. ¿Por... por qué?
Oh, dios. Si el corazón me latiera, ahora mismo estaría frenético.
-Y... ¿viste... viste alguna vez algún que otro lobo por allí?
-Pues si te digo la verdad, un día me topé con uno. Aunque es casi imposible, pero desapareció al instante. Después de eso, ya no lo volví a ver. Y cuando se lo dije a mi madre... no paraba de sonreírme. -cayó en la cuenta- ¡Ah! ¡Era él!
Definitivamente.
-Clara, ¿por qué tuviste la desgracia de conocerme?
Se me quedó mirando asustada.
-¿Des... desgracia? ¡¿Cómo puedes decir eso?! ¡Tú eres lo mejor... en su modo de verlo que me ha pasado en la vida!
Después de lo que le voy a decir, me odiará.
-Clara, cielo, me vas a odiar.
-¡No! ¿Pero por qué dices esas cosas? ¡¿Qué te pasa?!
-Dos cosas. Una, que te quiero con toda mi alma, y te lo voy a demostrar con lo que te voy a decir ahora, ya que podría no decírtelo, pero... prefiero que lo sepas. Y dos... yo fui el responsable de la muerte de tu padre. Bueno, más bien fui el que lo maté.
Empezó a temblar, y se alejó poco a poco de mí. Esta... esta era la primera vez que me sentía un asesino de verdad. Y no me gustaba.
-Clara... -intenté acercarme a ella, pero retrocedió.
-¡No te acerques! Tú... primero matas a mi mejor amiga, luego por tu culpa matan a mi madre, ¡y ahora me dices que mataste a mi padre! ¡¿También eres el responsable de que me quedara sin tíos ni abuelos?! ¡¿Pero qué pasa contigo?! ¡¿Por qué sólo matas a mi familia?!
-Clara, te juro que yo no... no sabía... era un lobo enorme, supuse que era un hombre lobo y... tuve que... bueno, era mi naturaleza, mi obligación acabar con él. Yo... lo siento...
-¡¿Lo sientes?! ¡¿LO SIENTES?! ¡¿Es lo único que se te ocurre decirme después de haberme quitado todo?!
-Bueno, pero te lo he compensado viviendo conmigo...
-¡¿Y eso que más da?! ¡Todo eso no compensa las vidas tan importantes para mí que has destruido! -empezó a derramar lágrimas, y yo cada vez me desmoronaba más...- ¡Ojalá que nunca te hubiera conocido! ¡Te odio!
Después de decirme esas palabras que me desgarraron todavía más el pecho, salió corriendo del cuarto y entró en el suyo, cerrando de un portazo. ¡¿Pero qué hice?! Definitivamente... soy estúpido. Pero es que lo soy a lo bestia. Y la chica que quiero con todo mi cuerpo, mente y alma me acaba de decir que me odia, que nunca le hubiera gustado conocerme. Normal. Ahora debe de estar muy, muy cabreada, así que hablaré con ella después...
Bajé al salón, me senté en el sofá y empecé a leer un libro cualquiera. Pensaréis que no tengo sentimientos, que debería estar odiándome a mí mismo arriba en mi habitación, intentando suicidarme aunque sin éxito o intentando convencer a Clara de que he cambiado, pero ¿de qué me serviría? Así que ya me encargaré de eso después, es decir, que cuando le diga un simple "hola" no se cague en mi madre ni me diga "hijo de" y alguna que otra comparación...

lunes 23 de noviembre de 2009

¡¿Que soy qué?! (Clara)

Me desperté por la mañana con la luz del sol dándome en la cara, con lo que cerré mucho los ojos, ya que me hacía daño, pero después de acostumbrarme, los abrí, pero había una pega: no me calentaba. Quiero decir, no sentía el calor del sol, pero lo ignoré. Bostecé por el cansancio de levantarme, pero lo hice, me vestí y bajé al salón, sin poder esperar para mirar a Eric. Miré en el salón, pero no estaba, así que me dirigí a la cocina. Entré con cuidado, pero tampoco estaba. ¿Estaría...? Me alejé de allí y subí las escaleras, hasta quedarme al principio del vestíbulo. Ahora que lo pienso... Nunca he visto su habitación. Recorrí sigilosamente el pasillo, hasta llegar a la puerta del fondo, y peté.
-¡Pasa! -escuché desde dentro.
Sonreí, porque pensé que no me dejaría entrar, y pasé. La miré totalmente. Era blanca, con muebles clásicos pero bonitos, de coleccionista, y algún que otro retrato suyo colgado en la pared, y al leer quién lo pintó, juraría que leí mal. Me acerqué hacia el cuadro, pasando por el lado de Eric, que al sentirme, se volvió hacia mí con una sonrisa divertida. Alcé una ceja, y miré el retrato. La firma era del mismísimo Van Gogh... ¡¿Cómo?! Volví a mirar a Eric, que ahora se echó a reír.
-¿Es... es de verdad? ¿Te... te lo pintó él?
-En efecto. Una de esas épocas raras. Al verme, el tío quiso pintarme. -se encogió de hombros- Ya sabía que estaba medio loco, pero... hasta que mi paciencia se agotó... Bueno, si le hacía feliz, no me negué.
-Es increíble... ¿Pero seguro que es de verdad?
-¿Por qué iba a mentirte?
-Tienes razón, pero aún así... ahora sólo falta que conocieras a William Shakespeare... -me sonrió, mientras que yo me quedaba con la boca abierta- ¡No puede ser! ¿Lo conociste?
-De hecho fui a una de sus obras. Era un magnífico actor, no te voy a mentir. Y sí, hablé con él unas cuantas veces. Muy simpático.
Guau... Me quedé a cuadros. Increíble. Y me sonaron las tripas.
-Bueno, venga, debes desayunar. Ese estómago tuyo no creo que aguante mucho sin comer, ¿no crees?
Me tocó la mejilla, pero...
Al momento, a una velocidad impresionante, se coloca todo lo que puede alejado de mí, contra la pared. Trago saliva.
-¿Eric? -pregunté con voz temblorosa.
-Clara, ¿qué te hicieron esos malditos chuchos? -dijo con rabia, mucha, mucha rabia- ¿Te mordieron? ¿Te hicieron algo?
-No... No creo.
Sus ojos se volvieron oscuros, terroríficos. Y no paraban de mirarme.
-¿Qué pasa? -me estaba asustando de verdad- ¡Eric, dime de una vez qué pasa! ¿Por qué te alejaste...?
-Eres... ¿estás bien? ¿No te sientes mareada ni... ni tienes ganas de enfadarte ni temblar?
-No.
-¿Tienes... tienes ganas de matarme a mí?
-¡¿Que qué?! ¡¿Cómo se te ocurre decir una estupidez así?! ¡Claro que no! Nunca podría... -sé que parece una estupidez, pero no pude evitar que me resbalaran unas lágrimas por las mejillas, y los ojos de Eric parecieron estabilizarse. Me miraba con toda ternura y tristeza posible. Adelantó un paso, vaciló, y volvió a retroceder. Pero apretó la mandíbula, negó con la cabeza con el ceño fruncido y vino hacia mí con la misma rapidez de antes, envolviéndome con los brazos, pero está más congelado que nunca, como si se hubiera metido en el congelador toda la noche, aún estando tan frío como siempre.
-Perdóname, Clara, perdóname... Soy estúpido. -me acercó más a él, me secó las lágrimas y me besó en la mejilla- Pero... debo decirte y preguntarte una cosa. -asentí- Tú... -suspiró- ¿Sabes a cuántos grados estás? ¿No me sientes más... frío? -volví a asentir- Bien, vale. Emmm... Clara, eres... tú eres... Puff... esto no puede ser más complicado. Eres una licántropa, aunque todavía no sé cómo una chica puede...
-¡¡¡¿¿¿Qué soy quéééé???!!! -dije asustada, apartándome de él. Tragué saliva.
-Sí, debe de ser que estás cambiando. Pero lo malo no es eso. -chasqueó la lengua con rabia- ¡¡Argg!! Es que... ¡ya es difícil nuestra relación de vampiro-humana como para ahora complicarlo más! Lo de antes era grave, ¡pero esto es... antinatural!
-Hombre, gracias por el cumplido... -dije mirando hacia el suelo.
Me negaba a mirarle a los ojos. ¿Yo... un lobo? No, imposible. Mis padres no eran... mis padres eran normales. Totalmente. Y aún por encima el chico atractivo, sexy, inteligente, fuerte y musculoso de mis sueños me está diciendo que no podemos tener una relación estable, ya que sería "repugnante". Bien, genial, empezamos bien el día.

martes 17 de noviembre de 2009

¡Eric! (Clara)

Yo no hacía nada más que patalear, pero el chaval no me soltaba, y aún por encima veía a los perros grandes correr detrás nuestra. Daban un miedo... Después de cansarme, llegamos a una casa -bastante bonita, por cierto- y el chaval y yo entramos, dejando a los lobos fuera. Uy, esto no me gustaba. Me llevó todavía a espaldas hasta un salón, y me sentó en el sofá. Luego se arrodilló delante mía y me miró.
-Vale, te traje aquí porque ésas cosas te mintieron. No son humanos.
A ver como leches le digo yo ahora al tío éste que ya sé que no son humanos. Y por si acaso me mata, mejor no digo nada, no vaya a ser que lo empeore todo. El chaval me miraba con ojos entristecidos, como si sintiera pena por mí, aunque falta no hiciera. De repente cuatro chicos más aparecieron por la puerta hasta llegar al salón. Todos tenían los brazos cruzados sobre el pecho, pero... juraría que me miraban con cariño, como si de verdad quisieran protegerme. No lo aguantaba.
-Mi-mirad, yo... yo no quiero vuestra protección. Así que si no os importa me vuelvo junto a ellos...
-No. No puedes -el chico se levantó y también puso los brazos cruzados- Podrían matarte. Mira, tú no sabes qué son ellos, y seguramente estarás en estado de shock por la transformación de lobo a humano que tuvimos, pero te prometemos que no te haremos daño.
Vale... vale. ¡¿Cómo le decía que sabía perfectamente quién...?!
-Vale... emm... vamos a ver. -suspiré.
-Mira, te voy a decir por qué estamos aquí.
-Déjame decírselo yo -dijo uno de los chicos que estaba detrás del que parecía el jefe. Asintió- Verás, estamos aquí porque hace... hace unos tres años más o menos apareció un asesino, creo que ya lo sabes, que mataba a chicas jóvenes. Bueno, pues ese asesino no es humano.
Si yo te contara...
-Y lo buscamos desesperadamente. Las tres... personas que había allí no eran. Además, nos han dicho por información que tiene más de 3000 años. Es muy, muy peligroso, así que yo que tú me quedaba aquí.
¡Ja! Yo vivo con él, por no decir que los dos estamos enamorados uno del otro... Iba a asentir cuando escuché mi nombre desde afuera. Sonreí y salí, con los chico-lobo detrás mía. Al salir, éstos se pusieron delante para protegerme. Qué pesados. Por entre los árboles aparecieron todo el grupo, con Eric por delante. Al verme, sonrió, pero de que estaba detrás de los lobos... le borró todo rastro de su perfecta sonrisa.
-¡Clara! ¡Por favor, vuelve! -me dijo tendiéndome una mano. Una oferta prácticamente irresistible, excepto por estos gigantes que me cortaron el paso.
-¡Dejadla! Ya no podréis engañarla, ¡porque ahora nosotros la protegeremos, chupasangres! -se fijó un poco más en Eric- Un momento... tú... tú eres... ¡tú eres el chupasangre asesino!
-Eso, grítaselo a los cuatro vientos, que todavía no te han oído... -dijo éste con sarcasmo- Bueno, ¡ya está bien de estupideces! Chucho, o me la devuelves, o estás muerto.
-Eso ya lo veremos.
Los otros chicos se echaron hacia atrás, y el tío empezó a temblar y se convirtió en el lobo de antes, rompiendo los pantalones y su camiseta. Mis amigos se pusieron al lado de Eric, pero éste negó con la cabeza y adelantó un paso.
-Buah, terminemos con esto cuanto antes.
Cuando me quise dar cuenta, estaba temblando. ¡¿Y si le hacía daño?! No podía permitirlo. El lobo iba a saltar cuando me puse delante de Eric. Éste, aterrado, me cogió en brazos y se fue a un lado, dejando al lobo caer sobre el suelo. Lanzó un gruñido de dolor y me miró confuso, al igual que Eric. Me dejó en el suelo, pero abrazándome.
-¡Para, por favor! Me prometiste que no te iba a pasar nada...
-Y no me iba a pasar nada, ¡pero te metiste en medio! ¡¿Y si te hubiera hecho daño a ti?! No lo soportaría. ¡Así que la próxima vez...!
-¡¿Pero qué pasa aquí?! -preguntó uno de los chicos lobo adelantando un paso- Tú... ¿sabes qué son ellos? ¿Sabes qué es él?
-¡Sí! ¡Lo sé perfectamente, ¿vale?! ¡Así que no les hagáis daño, por favor!
-¿Qué?
-¡Por favor! -Eric suspiró y me cogió la mano.
-Mira chucho, ya nos vamos, pero te juro que como le volváis a tocar un solo pelo a Clara, estáis muertos. Que os quede claro. Y a ti -me dijo en un susurro- ya hablaremos en casa.
Después de eso todo el grupo nos fuimos de allí. Menuda bronca que iba a recibir... Al recorrer el bosque y llegar al jardín trasero, Eric se despidió, cogido todavía de mi mano y nos fuimos. Los vampiros sonreían por saber que estaba bien, y eso lo agradecía. Durante el camino ninguno dijo nada, pero mis problemas llegaron cuando entramos en casa. Me llevó hasta el sofá y me obligó a sentarme, mientras él se quedaba de pie, con los brazos cruzados y mirándome con el ceño fruncido. Tragué saliva.
-¡¿En qué puñetas estabas pensando?! -empezó- ¡¿Pero no dijimos que había lobos?! O peor... ¡¿y si a Aria le hubiera dado la venada de salir y encontrarte en su camino?! -ambos nos estremecimos al pensar en ella- ¡¡La próxima vez hazme caso!!
-Lo... lo siento -dije con un hilo de voz mientras miraba hacia el suelo. Aunque lo quisiera más que a mi vida, me amedrantaba un poco- Es que pensé que eras tú el que iba entre los árboles y... Siento haberte fallado...
Eric se serenó un poco, respiró hondo y se arrodilló delante mía hasta quedar a la misma altura. Alzó una mano y me acarició la mejilla.
-Dime, ¿qué voy a hacer contigo? No llevas ni tres días viviendo conmigo y ya... -suspiró- No me vuelvas a asustar de esa manera, ¿de acuerdo? -asentí mientras le besaba la mano- Por favor... Perderte me causaría muchísimo dolor. Nunca en la vida tan larga que llevo me había encariñado con alguien tanto, así que... No me hagas esto, y pórtate bien. ¿Vale?
Asentí sonriéndole, mientras él se inclinaba y posaba sus fríos labios sobre los míos.

*Hola, me gustaría que visitarais estos dos blogs increíbles y que creo que merecen más seguidores ^^:

http://www.bloodsuckersnight.blogspot.com/ Una historia increíble que cada día engancha más, salvo que las entradas son cortas ¬¬ pero la historia muy, muy buena.
http://lovellyblonde.blogspot.com/ Son varias historias, también increíbles, ¡que cada vez las entradas son mejores! Por cierto, ya tienes el fondo puesto ^^ Y otra cosa, no puedo comentarte ni puedo ser seguidora... T-T
¡¡Gracias, las tres os lo agradecemos mucho!! :D

domingo 15 de noviembre de 2009

¡Lo sabía! (Eric)

No los encontramos. ¿Nos tomaría Mel el pelo? No, no creo, porque si no yo mismo la mataría, pero de verdad. Y ella lo sabe. Leo, Fernando, Luke y yo estuvimos buscando mientras recorríamos toda la ciudad. Nada, absolutamente nada. Ni un lobo, ni siquiera una estúpida ardilla. ¿Dónde se habrían metido? Cuando terminamos de inspeccionar todo, nos reunimos en el parque.
-¡¿Pero dónde están?! ¡¡No hay ni uno!! -gritó Leo enfadado.
-Seguramente Mel habría confundido algo con los lobos. Seguro que no lo dijo con mala intención. O sólo es que los lobos huyeron. -dijo Fernando.
-Pues venga, volvamos. -dije- Quiero ver si Clara todavía está de una pieza.
-Vaya, vaya, parece que el chico malo está muy enamorado de una humana, ¿eh? ¿Qué dirán sus padres? -dijo Luke.
Rehuí sus miradas. Me matarían.
-Eric -dijo Fernando mientras se acercaba a mí- ¿Tiene padres?
Negué con la cabeza.
-Entonces... ¿con quién vive? -me encogí de hombros- ¡Mierda, Eric! ¡No puede estar viviendo contigo! ¡Sabes que eso va contra las reglas! Aria te mata.
-Bueno, eso no es lo que me preocupa, y las reglas están para romperlas. Además, ¡no tenía a nadie! ¿Qué queríais...?
-¿Ni tíos...? -negué- ¿Ni abuelos?
-No le queda nadie, excepto yo. Por eso me encargaré de ella hasta que... que cumpla los dieciocho y se vaya.
-Bueno, eso está mejor -dijo Luke asintiendo. Miró mis ojos, y debió ver tristeza en ellos, porque agregó:- Pero tú no quieres que se vaya, ¿no es cierto?
Me volví a encoger de hombros.
-Puede... puede que tengas razón, quizá... esté más enamorado de ella de lo que creía... -dije con un hilo de voz, pero ellos me escucharon perfectamente.
-Bueno, venga, es hora de irnos -dijo Leo- Se está haciendo tarde.
Los cuatro miramos hacia arriba. Estaba anocheciendo. Nos dirigimos hacia la mansión. Llamamos por el telefonillo. Era Bel.
-¿S-s-s-sí? -dijo con la voz temblorosa. ¿Desde cuando los vampiros teníamos voz temblorosa? Algo malo ha pasado.
-Bel, somos nosotros. Abre.
-Va-vale...
Nos abrió el portón, y yo corrí hacia la puerta de la casa. Estaban hablando. Los demás llegaron y escucharon a hurtadillas, y yo con ellos.
-¡Eric nos mata! ¡Vamos acabar más muertos de lo que ya estamos! -dijo la voz de Matt- Y la pobre debe de estar tan asustada...
Hablaban de Clara. Ay, dios. Peté en la puerta. Me abrió Ed.
-Ho-hola, E-E-Eric...
-¡¿Dónde está Clara?! -dije mientras entraba rápidamente en la casa.
Pasé al salón, dónde estaban los otros tres. Después de un momento, estábamos todos.
-Eric... -empezó Mel- ¿Te acuerdas... de los licántropos de los que os hablé?
-¡¡Claro que me acuerdo!!
-Bueno... pues... seguro que no visteis ninguno, ¿verdad?
¿Cómo lo sabía?
-¡¿Era mentira?! -gritó Leo.
-¡No! No. Es que... los... los lobos... Clara se fue al jardín trasero, al que da al bosque, y se adentró pensando a saber lo qué y...
-¡¿Y...?! -ya no me aguantaba. ¡¿Pero dónde estaba?!
-Emmm... los lobos se la llevaron para "protegerla" de nosotros...
-¡¡¡¿¿¿Qu-qu-qu-qu-qu-qu-quééééé???!!! -Mel se puso detrás de Matt, al igual que Bel de Ed- ¡¡¡¡¡Lo sabía!!!!! ¡¡¡Sabía que no podía fiarme de vosotros!!! ¡¡Sois unos malditos irresponsables, como esos estúpidos lobos!! ¡¡¿¿No sabéis que son unas criaturas idiotas e inmaduras??!! ¡¡Aunque para criaturas idiotas e inmaduras ya estáis vosotros!! -estaba a punto de abalanzarme sobre alguien, pero me controlé.
-Eric, ya basta. Creo que lo han pillado -me dijo Fernando.
Respiré hondo, mientras cerraba los ojos intentando calmarme. Bien... vale.
Les fulminé con la mirada.
-Bueno, ¡¿y ahora qué pensáis hacer?! Porque yo iré a por ella, ¡¡pero vosotros vendréis conmigo como que me llamo Eric!!
-¡¿No-nosotros?! ¡Pe-pero...! -protestó Matt- ¿De verdad que quieres que vayamos? A... además... además hay muchas más humanas...
Lo iba a matar, juro que lo iba a matar. Adelanté un paso para darle un puñetazo, pero Luke me frenó.
-¡¡Mueve tu maldito culo!! ¡¡¡¡Ya!!!! -grité señalando el jardín. Los cuatro tragaron saliva y se volvieron hacia allí.
-¿No quieres que os acompañemos? Queremos saber si Clara está bien -dijo Leo.
-Bien, vale, venid. Nos hará falta.
Todos nos adentramos en el espeso bosque. Juro por mi vida que si le pasa algo a Clara, los mato a todos. Y si hace falta lucharé por tenerla de nuevo en mis brazos.

sábado 14 de noviembre de 2009

¡Dejadme! (Clara)

Cuando vi salir a Eric por la puerta, tuve un gran nudo en la garganta. Mi Eric... ¿y si le pasaba algo? ¿Y si... y si le hacían daño? Bel se acercó a mí.
-Tranquila, Clara, Eric y los chicos tienen mucha experiencia con este tipo de casos. Además, Eric es el vampiro con más edad que conozco, por algo será. Así que relájate.
Asentí. Tenía razón, no le iba a pasar nada.
-Venga -dijo Matt- vamos a ver la tele. Echan una película muy buena y no quiero perdérmela.
Bel, Ed y Mel asintieron. Mel me cogió la mano y me llevó al sofá. Nos sentamos y encendieron la televisión. Después de algunas risas por su parte, ya que yo cada vez estaba más preocupada, les dije:
-Emm... ¿puedo ir a la cocina a buscar agua?
-Sí, por supuesto -dijo Ed- Está... espera, es que hace tanto tiempo que nadie nos pide agua -se carcajearon todos. Sonreí sin muchas ganas. Se iba a levantar del sofá.
-No, tranquilo, ya la busco yo. Gracias.
Asintió y se volvió a sentar. Me dirigí hacia el vestíbulo, dónde había unas escaleras que subían, pero no la encontraba. Miré hacia una enorme ventana. Vaya, así que el jardín trasero de la casa daba al bosque. Esto de noche debe de ser muy tétrico. Iba a dar media vuelta cuando vi algo entre los árboles. Un escalofrío me recorrió la espalda. Pero... ¿y si era Eric? Fui hacia la puerta de cristal, la corrí hacia la izquierda y salí hacia afuera. Miré hacia arriba. Estaba atardeciendo. Vi otra vez esa sombra correr rápidamente y desaparecer. Adelanté unos pasos hasta llegar al primer árbol. Me adentré un poco, pero estaba muy, muy oscuro, así que decidí que sería mejor volver a la casa. Me estarían buscando. Me volví, pero había un problema... ¿Por dónde había venido? Anduve sin rumbo fijo, y creo que me adentré todavía más. Vale, vale, respira... Me apoyé en un árbol y cerré los ojos. Esto no sería tan difícil, ¿no? A ver, vine -si no me equivoco- del sur, así que... Sentí unos pasos delante mía. Vale, vale, vale, vale... Delante mía había algo, y yo no podía verlo porque tenía los ojos cerrados, pero es que no me atrevía a abrirlos. Pero si no los abría... Venga, uno, dos, y tres. Los abrí, y solté un grito. Un lobo más grande que yo me miraba con ojos inteligentes. Más lobos aparecieron detrás de él, poniéndose en guardia, gruñéndome y enseñando los dientes. Además de que llevaban... ¿ropa colgando de su pata trasera?
-Eh... eh... ¡So... socorro! -grité.
El primer lobo se acercó más a mí, y sin poder evitarlo unas lágrimas me resbalaron por las mejillas. Iba a morir sin despedirme de Eric... El lobo, al verme llorar, abrió el hocico sorprendido y retrocedió, al igual que los demás. Éste empezó a temblar y se fue detrás de un árbol. Después de un minuto, un chico apareció, descalzo, grande y musculoso, y se acercó a mí. Yo sólo podía temblar, pero me sequé las lágrimas.
-¿No eres una chupasangre? -me preguntó confundido- Puedes llorar, así que es imposible que lo seas. ¿Te han hecho daño? Oh, seguramente no sepas qué somos... ni qué son ellos.
¿Eh? ¿Pero de qué me está hablando?
-Venga, tranquila, nosotros te protegeremos de ellos -se acercó más a mí y me abrazó.
¡¿Pero qué se creía?! Le di un empujón, separándome de él. Me miró confuso.
-¡¿Pero qué haces?! No... -fui interrumpida por unos pasos que corrían hacia aquí.
Mel, Ed, Bel y Matt aparecieron de repente detrás de los lobos. Éstos se giraron gruñendo y retrocedieron. El chico se volvió también y extendió un brazo, como para protegerme. Pero yo no quería su protección. Al verme, los vampiros gritaron mi nombre.
-¡¡Clara!! ¡Vuelve aquí! -dijo Ed preocupado. Si pudiera... pero este tío no me deja, y no podía hablar con el nudo que tenía en la garganta.
-¡No engañaréis más a esta pobre humana! -dijo con el ceño fruncido.
Ellos me miraron confusos, y yo me encogí de hombros mientras negaba con la cabeza.
-¡Suéltala y no os haremos nada!
Pero en vez de eso, el chico me cogió para montarme en su espalda y corrió con los lobos siguiéndonos, dejando a mis amigos detrás. Oh, genial. ¿Adónde me llevaría ahora? Y entonces... eso quiere decir que Eric está a salvo.

jueves 12 de noviembre de 2009

Payasos... (Eric)

¿Habéis sentido alguna vez vergüenza ajena? ¿Pero vergüenza ajena a lo bestia? Bueno, pues eso es lo que me pasa con estos...
Al pasar a la gran sala donde estaban reunidos, todos se voltearon hacia nosotros.
-¡¡¡Eric!!! -gritaron a la vez.
-Hola... -dije sin ganas, acercándome a Clara, y cómo siempre, tenso.
Ella lo notó, y los miraba extrañada. Creo que me malinterpretaba. No eran peligrosos, ni mucho menos, pero eran... cómo decirlo de una forma educada... idiotas.
-Vaya... ¿quién es esta señorita? ¿No será...? -se acercó Fernando a Clara- ¿Esta es la chica de la que nos habló Ed? ¿La chica que pudo frenarte a matar a una niña pequeña?
-Vete a la porra... -murmuré por lo bajo.
-¿Qué? -preguntó sonriendo.
-Nada.
-Sí, soy Clara. Encantada.
En ese momento apareció Ed, y Clara se lanzó a abrazarle.
-¡¡Ed!!
-¡Clara! ¡Ya tenía ganas de verte otra vez! -le dio un abrazo, y luego se separaron.
Todos los vampiros se acercaron a ella para presentarse.
-Bueno, hola, yo soy Bel, encantada.
-Leo.
-Matt.
-Luke.
Todos y cada uno de ellos le dieron la mano. Clara no paraba de sonreír.
-¿Sois todos... emm... cómo decirlo...?
-¿Si bebemos todos de humanos? No, bueno, es decir... sí. -dijo Leo.
-¿Mm?
-A ver... -dijo Matt- Lo que Leo quiere decir es que bebemos sangre de humanos, pero no los matamos. -y me lanzó una mirada acusadora.
-Aahh, bueno, eso es un alivio para mí.
Todos se carcajearon, menos yo, claro.
-Vaya, esta chica me cae muy bien -dijo Bel- ¡Vamos a ser muy buenas amigas! ¡Por fin hay otra chica aquí! -le cogió la mano- Es que aquí sólo hay hombres y aún por encima adultos, y es un aburrimiento. Mel, aunque ya es adulta, ya está harta también. Aparte de que son muy machistas.
-Verdad -contestó ésta asintiendo- Emm... chicos, vuelvo enseguida -pero nadie pareció oírla.
-¿Nosotros, machistas? -dijo Luke- ¡Por supuesto que no!
-¡¡Bueno, ya está bien de tanta cháchara!! -grité enfadado. Todos retrocedieron un paso menos Clara- ¡¿Para esto nos hacéis venir?! ¡¿Para hacer estupideces?! ¡¡Terminad de una maldita vez!!
-S-s-sí... -contestaron todos a la vez.
Mel volvió al momento.
-¡¡Chicos!! ¡Tenemos unos problemillas! ¡Hay licántropos en el pueblo!
-¿Qué? -dijo Fernando- ¿Cómo va a ver lobos aquí? ¿Qué quieren? ¡Si no matamos...!
Se paró. Todos se giraron hacia mí. Me crucé de brazos.
-Oh, claro... Cómo todo lo malo siempre es por culpa mía, ahora la venida de los chuchos esos es por mí, ¿verdad? Genial... -suspiré.
-Bueno, tranquilo. No te pasará nada -dijo Luke- Todos nos protegeremos.
No me gustaba la idea de que hubiera chuchos y que Clara estuviera desprotegida. Será mejor que acabe primero con ellos...
-Mirad, iré a investigar -dije- Si hay... algún problema, pues... me encargaré de ello.
-¡No! ¡No vayas! -Clara corrió hacia mí, abrazándome- ¡Por favor, no vayas! ¿Y si te hacen daño? ¡No!
Era... era la primera vez que alguien... se preocupaba tanto por mí...
-Clara, por favor, mira. -me miró a los ojos- Sé que te resulta difícil quedarte con estos -les miré.
-No me resulta difícil, lo que no quiero es que vayas. Sino voy contigo.
-No. Eso no.
-Pues no vayas.
-Nosotros le acompañaremos -dijo Leo, acompañado de Fernando y Luke- No le pasará nada, tranquila.
-Pero es que...
-Clara, ¿crees que es fácil para mí dejarte aquí? ¿Dejar a... a lo más valioso que tengo con estos?
-Oye, que estamos aquí...
Clara se me quedó mirando. Suspiró y se separó.
-Gracias -dije.
Los cuatro nos fuimos hacia la puerta. Se me hacía muy duro dejarla, pero si hay lobos... habrá que acabar con sus vidas, y eso se me daba genial.

martes 10 de noviembre de 2009

Menudo lugar (Clara)

Cómo le quería... aunque casi todo lo malo que me pasó fuera por su culpa... no podía...
Me desperté por la mañana en mi cama. ¡¿Cómo?! ¡¿Pero la noche anterior no estaba en los brazos de Eric?!
-¿Eric? -murmuré. ¿Sería un sueño todo lo que me ha pasado y mi madre todavía está...?
Me levanté de la cama y miré hacia la ventana. No, estaba en su casa. ¿Y por qué me aliviaba tanto eso? Me di la vuelta y me encontré a Eric en el marco de la puerta. Me asusté, tropezándome con la pata de la cama y me iba a dar de bruces contra el suelo cuando unos musculosos brazos me alzaron. Me volvió a poner de pie.
-¿Estás bien? -me preguntó preocupado- Casi te das contra el suelo.
-¿Cómo viniste tan rápido?
-Oh, emm... nah, soy así. ¿Pero estás bien?
-Sí, sí, tranquilo. ¿Por qué tanta preocupación?
Me alzó la barbilla con el dedo índice para que le mirara a los ojos. Aunque fueran del color de la sangre y tan siniestros, me miraban con tanto cariño... Me sonrojé.
-¿Crees que quiero que le pase algo a mi razón de vivir? -me susurró mientras se iba acercando a mí.
El corazón de me disparó. Me besó y luego sonrió, y yo, cómo no, tenía que hacer el ridículo y desmayarme. O por lo menos casi. Me cogió como un bebé.
-¡Clara! ¿Estás... estás bien?
-S-s-sí, estoy bien. Sólo ha sido... sólo fue un pequeño contratiempo.
-Me halagas con tus desmayos, en serio, pero no vuelvas a asustarme así.
-Lo intentaré -dije con un hilo de voz.
Eric suspiró de alivio y me dejó de pie en el suelo.
-¿Quieres desayunar?
-No, la verdad es que ahora no tengo hambre...
Hizo un gruñido de desaprobación, pero no me discutió.
-Venga, tienes que ir al colegio. -ah, es verdad.
-Está bien...
-Te espero abajo.
Me dio otro beso -el corazón traicionero se me aceleró otra vez- y se fue. Yo me vestí, hice la cama, me arreglé el pelo y bajé.
-Vale, ya estoy.
-Bien. Vamos. Te acompaño.
Ambos fuimos hacia la puerta y nos fuimos. Cuando estábamos a mitad de camino, nos encontramos con una chica de unos veinte años, morena y pálida. Al mirar a Eric sonrió.
-¡Anda, Eric! ¡Cuánto tiempo! -éste puso los ojos en blanco, y la chica, al mirarme, sonrió todavía más- Espera, ¡a que tú eres la chica de la que me ha hablado Ed! Emmm... espera... emm... ¡Clara! ¿Verdad?
-Sí, esa soy yo.
-¡Oh, encantada! Yo soy Melinda, pero llámame Mel.
-Pues encantada, Mel.
-¡Ayy, qué mona! -Eric estaba que echaba chispas. Mel me tendió la mano, y yo se la cogí. Estaba congelada- Ven, ¡los demás quieren conocerte! -sonreí. ¿Quienes serían los demás?.
-Ahora no podemos, tiene que ir al instituto.
-¡Por un día no pasa nada! ¡Venga, vamos!
De muy buena gana, seguí a Mel, y Eric también, aunque a regañadientes. ¿Qué le pasaba? Andamos mucho, hasta llegar al final de una gran cuesta hacia arriba. Allí había lo más bonito que había visto nunca. Era una enorme mansión con un jardín largo, rodeado de unas vallas de hierro y la entrada era un gran portón. Al lado de éste, empezaba el bosque del pueblo. Mel sonrió al ver mi cara iluminada, al ver esa gran maravilla. Miré hacia Eric, que no me quitaba el ojo de encima, y volví a mirar la casa. Los tres entramos nos paramos ante el portón, y Mel llamó al timbre.
-¿Si? -dijo la voz del telefonillo.
-Soy Mel.
-¿Contraseña?
-¡No seas estúpido y ábreme de una maldita vez!
-Vale, sí, eres Mel -dijo otra voz entre risas.
Nos abrieron y entramos. Recorrimos todo el camino hasta la puerta. Nos abrieron nada más pisar el escalón. Apareció un chico muy guapo, igualmente pálido, de pelo rubio, y al ver a Eric y a mí sonrió.
-¡Eric! ¡Cuantísimo tiempo sin verte! Vaya, así que esta es la chica de la que nos habló Ed, ¿eh? Venga, pasad.
Pasamos, pero notaba a Eric muy tenso. ¿Por qué sería? Vale, sí, eran vampiros, pero... no me harían nada, ¿verdad?